miércoles, 15 de noviembre de 2023

En tan solo una milla

 Amanece triste el día. Gris, con un ligero viento de costado lo suficientemente molesto

 para impedir avanzar con la cabeza alta.

El sonido taladrante y continuo de un perro de no más de 15 kilos de peso y a poco menos

de cinco metros de distancia hace imposible concentrarse en nada que no sea ese

estruendoso alboroto. Por suerte tanto él como su dueño van en dirección contraria y el

encuentro es breve.

Al momento algo se acerca. Empieza como un débil repiqueteo que poco a poco va

ganando en intensidad y que resulta ser el sonido de los tacos de unas botas de fútbol

pertenecientes a un grupo de no más de cinco personas que han finalizado su encuentro

futbolístico semanal en el campo, por así llamarlo, que acabo de dejar atrás.


El batir de alas unido al sonido inconfundible del gorjeo de unas palomas hace que me

ponga en alerta. Alzo la mirada y observo una bandada de no más de 12 ejemplares de

palomas. Conocedor de la facilidad con la que estas aves son capaces de amargarte el día

con sus deposiciones modifico mi trayectoria evitando la perpendicularidad con la

 mismas.


Otro sonido, esta vez de un motor hace que desvíe la mirada a la derecha. Lo catalogaría

como de rozamiento aunque en el breve espacio de tiempo en el que he podido prestar

atención quizás algo estaba a punto de descolgarse, si es que no lo estaba ya. Sin duda

esa Chrysler Voyager había conocido tiempos mejores.


Ni un segundo de respiro en mi particular milla de sonidos. Ahora le toca el turno a lo

 que creo son unas ruedas de carro o quizás un triciclo pequeño que poco a poco se van

 acercando. Al poco me sobrepasa por la izquierda un hombre de avanzada edad tirando

 de un carro donde únicamente porta una caja vacía de fruta. El hombre se cruza delante

 mio para pasar por el paso de peatones y dirigirse a la zona de huertos que puedo ver a

 la derecha

miércoles, 8 de agosto de 2018

Oporto , ciudad sitiada

OPORTO

Ciudad sitiada y sus vecinas Braga, Aveiro y Guimaraes.



Con bastantes expectativas arrancaba nuestra segunda incursión en tierras Lusas. Oporto era el destino. 

A diferencia de su predecesora, la primera impresión que percibí, era que Oporto se trataba de una ciudad sucia. Caminar por calles y callejuelas donde a derecha e izquierda te encuentras con edificios, casas y locales que a bien seguro conocieron tiempos mejores, es como poco nada agradable.

Conforme avanzan los días la opinión va mejorando y de que manera. Las calles por las que habíamos realizado nuestra primera incursión, no eran por así decirlo las mas recomendables.

Después de días pateando la ciudad puedo decir que me encanta. En cada salida descubres algo nuevo: algún curioso café, tiendas de lo más variopintas o otra nueva Iglesia, aunque esto ultimo no tiene mérito porque es imposible llevar la cuenta. Existen infinidad.

Oporto es una grandisima ciudad pero con un elevado numero de edificios abandonados a su suerte. Es mas que evidente que existe un esfuerzo por reformarla. En no pocas calles se observan cuadrillas de obreros entrando y saliendo de edificios  o restaurando fachadas.
No cabe duda que pasados unos años y de seguir con este empeño remodelador, Oporto será una gran ciudad para visitar, aun siendolo ya en la actualidad. 

Oporto tiene un enemigo que aun existiendo en muchas otras ciudades costeras, aquí, por el motivo que sea, cobra mayor relevancia.

Un enemigo que constantemente sobrevuela su perímetro. No entiende de la entrada norte o la sur, de si hay turistas en la ribera del Duero o de si simplemente estás paseando por el puente de Luis I. Sobrevolando cabezas, cerca tuyo en un parque o dándote un buen susto saliendo de la nada y colocándose en cualquier balaustrada, está ella, la GAVIOTA 

Hay que ponerlo en mayúsculas por qué bien lo vale. Son insaciables. Pretender estar un minuto sin escuchar su particular a la par que penetrante graznido, es como pretender cruzar a nado el Atlántico sin mojarse. Te observan, calibran todos tus movimientos y en determinados casos, el mío sin ir más lejos, deciden que eres un buen objetivo. Desde las alturas lanzan su ataque. Una bomba en forma de excremento que impacta en mi espalda. Por suerte no es mortífera, no requiere sutura y no causa bajas. Obviamente sin haber podido repeler el ataque y mucho menos responder al mismo solo queda cambiar de atuendo. 
Ellas no entienden de la comodidad del turista o del autóctono y dejan su marca en calles, coches, paraguas o sombrillas de bares y restaurantes. Tienen el poder aéreo sobre Oporto. 

Pero bueno, sería injusto juzgar una ciudad únicamente por su peculiar fauna , así que:

Oporto ofrece algo más. 
Cruzar el espectacular puente de Luis I, pasear por ambas riberas del Duero, utilizar esos tranvías que a todas luces han quedado atrapados en el tiempo pero que sin duda son emblema de la ciudad, son algunas de las diferentes actividades a realizar. 
A parte de poder visitar el innumerable catálogo de iglesias que posee la ciudad, también puedes hacer una internada en Rúa Santa Catalina.



 En toda su extensión tiendas y más tiendas. Ropa, gafas de sol, zapatos inundan los escaparates. Vendedoras ambulantes ocupando aceras dispuestas a venderte zapatillas, bolsos de corcho, cinturones , etc ...
Por supuesto entrar en Rúa Santa Catalina es sinónimo de Café Majestic. Todo un icono.



Siempre lleno esperando para poder entrar y parada obligada para todos los grupos con guía que danzan por Oporto. Cada uno a su manera intenta convencer a turistas de cualquier nacionalidad que en su día J.K Rowling sentada en su interior se inspiró para la saga de Harry Potter. Cierto es que la buena mujer paso dos años en Oporto como profesora. Allá cada uno con su imaginación.

Si vas con familia y el calor aprieta, lo mejor es entrar en el centro comercial Vía Catalina. Gran surtido de tiendas al resguardo del astro rey y una zona superior de lujo.




Lugar idóneo para comer y degustar platos de diferentes nacionalidades o si se prefiere MacDonalds o Pizza Hut. En nuestro caso nos decidimos por platos de pasta y la decisión no pudo ser de lo más acertada, por lo menos para tres de nosotros.
Lo dicho, si vais con familia este es un buen lugar para comer y a precios razonables.



Otro enclave que obviamente no podemos dejar de visitar es el puente de Luis I. Con sus diminutas aceras a derecha e izquierda nos permite cruzar el Duero. Mas puestecillos para comprar nos esperan en ambas orillas.

Un autentico monstruo de hierro inaugurado en 1886 para unir Oporto con Vila Nova de Gaia para que el comercio progresara en la zona. Hoy en día se puede ver pasar constantemente el tren por la zona superior y en su parte baja se pueden ver en ambos lados a jóvenes saltando desde una altura de 15 metros. haciendo las delicias de segun que turistas.



Esta zona  es ideal para pasear si es que la temperatura te lo permite. En nuestro caso los 36 grados que caían a plomo sobre nuestras cabezas y ya maltrechos cuerpos, nos obligaba en ocasiones a estar a cubierto. Obviamente no hay problema, ambas riberas del Duero estan repletas de bares y restaurantes. Es imposible dar un paso y no ver un lugar donde poder tomar algo. Eso si, no esperéis fresco en ninguna de sus terrazas, no disponen de ningún sistema de refrigerado

Lo recomendable es poder esperar al atardecer y contemplar como va buscando su sitio la Luna. Imponente asoma por la desembocadura para ir situándose encima del Duero. Momento idílico únicamente roto de vez en cuando por las cabriolas que van realizando aquellos que han alquilado cualquiera de los artefactos acuáticos disponibles.



Personalmente creo que lo mas recomendable es salir a visitar la ciudad a primera hora. Para los que gustamos de una carrera matinal por aquello de sentirnos aun jóvenes, Oporto es una ciudad como cualquier otra. En principio sus cuestas y calles empedradas no parecen hacer del lugar el mas idóneo, pero poco a poco le cojes el gusto.  El sol no aprieta, ir i venir de gente pero sin agovios y plazas y edificios parecen tener otro aspecto.

Si decides realizar la ruta céntrica veras edificios que a plena luz del día parecen otros. El sol abrasador no te deja disfrutarlos como debiera. El Teatro o la Estación del Ferrocarril parecen cobrar vida.



Si la elección es dirigirte hacia Gaia puedes tener el privilegio de cruzar el Duero. Ya os aseguro que no se ve igual. Las embarcaciones están amarradas en ambas orillas de la ribera. Los ríos de gente que el día anterior pudieras haber visto, simplemente han desaparecido. Bares, terrazas  no tienen actividad ninguna y por supuesto no existe rastro alguno del afroamericano que la tarde anterior te vendió una gafas asegurándote 100% que se trataban de unas Rayban. Toda la Ribera es para ti y para que tus zapatillas acaben con el asfalto y te lleven hasta la desembocadura. Te sientas, respiras y dejas volar tu imaginacion, no en vano es una zona que en un tiempo no tan lejano decidía que algunos galeones era mejor convertirlos en pecios.




Adentrarte en Rúa Cedofeita a las 08:00 es poder comprobar cómo a algunos la noche les ha resultado tremendamente larga. Vasos, botellas rotas y demás se encuentran orillados en todo el lateral de las paredes de según que calles. Es fácil comprobar cual de ellas pertenecen a la movida nocturna de Oporto. Por supuesto, nada que no tengamos cada uno en nuestras respectivas ciudades. 

Es interesante haber llegado a Rúa Cedofeita porque seguramente querrá decir que primero habremos pasado por la Plaça Gomes Teixeira. Del todo recomendable para visitar la Iglesia do Carmo con una fachada lateral esplendida. Decorada con cientos de azulejos y vigilada desde las alturas por santos esculpidos en piedra. 




Si vuelves la vista atrás te encuentras con la Universidad de Porto. Nada del otro mundo pero su plaza frontal con una fuente custodiada por leones y la torre situada a su izquierda hacen del sitio un buen lugar. Más si tenemos en cuenta que a 20 metros se encuentra la famosa Librería Lello. 




Si por casualidad es sábado , no puedes dejar de realizar una pequeña incursión en Rúa Galería de Paris. Situada paralela a la libreria Lello montan una gran variedad de puestos flanqueados por árboles, banderas de colores y por el más que curioso Café de Paris. Vitrinas a rebosar de juguetes, Silvestre presidiendo la barra central, un coche colgando de la pared, son algunas de las curiosidades con las que nos podemos encontrar en su interior.

Obviamente estar en Oporto y no degustar un vino de la zona es equivalente a estar en Paris y no ver la Torre Eiffel. No se lo puedes contar a nadie porque quedas fatal.

Existen incontables lugares donde poder comprar vino. En mi caso tuve la fortuna de dar con una pequeña bodega llamada Garrafeira do Carmo. Situada justo enfrente de la Iglesia del mismo nombre ofrece una enorme variedad de vinos.
El trato dispensado por el personal es sencillemente exquisito, dándote a degustar caldos tintos o blancos, secos o dulces. Obviamente toda acción de marketing tiene su recompensa y en nuestro caso valió para que nos hiciéramos con un exquisito COCKBURN,S a 9 € que para que nos vamos a engañar, estaba bonísimo. Desde luego si alguien tiene intención de comprar vino, este es un lugar perfecto.


Oporto tiene cosas interesantes para ver y hacer, pero para romper un poco con la rutina no está demás salir.


Coger el tren con destino Braga a es una buena escapada.


 Lo que obviamente seria imperdonable es coger el tren sin antes reparar en las preciosas paredes del interior de la estación. Decoradas con 20.000 azulejos, si si correcto, 20.000 azulejos. Podemos ver representaciones históricas como la batalla de Valdevey o la conquista de Ceuta. Es del todo recomendable llegar antes de hora para coger el tren y dedicarle tiempo a visualizar cada una de las representaciones. No os preocupeis, en la pared frontal observareis un reloj bien grande y bonito que os indicara la hora.





Como mencionaba anteriormente, Braga es un destino que no se puede dejar escapar. Independientemente de las creencias religiosas de cada uno hay que disfrutar de la belleza arquitectónica que nos ofrece.
Un sin fin de iglesias, palacetes y jardines hacen las delicias de cualquier aficionado a la fotografía. Una rambla cubierta de flores en toda su zona central hacen un lugar perfecto para capturar la instantánea. Flanqueada a la derecha por tiendas de renombre situadas en edificios de una gran belleza arquitectónica.




Sin duda alguna, Braga bien merece una visita.




AVEIRO

Otro de los destinos que teníamos en mente hacer era dirigirnos a Aveiro. Situada a unos 80 km de Oporto y en zona costera. La Venecia portuguesa la llaman.
Lo cierto es que tiene canales y puedes realizar travesias en góndola, pero vaya, la Venecia portuguesa quizás sea demasiado aventurar.

Sea como sea, lo cierto es que Aveiro bien vale el viaje.



Puedes pasear a la vera de sus canales o optar por la travesía en góndola. Después de días y días de un calor sofocante, era de agradecer un paseo por los canales. 45 minutos de tranquilidad, contemplando edificios con fachadas de época, antiguos almacenes de sal o puentes nuevos y viejos. Como siempre en estos casos no puede faltar la figura del guia y hay que decir que el nuestro mejor no podía ser. Explicaciones pausadas y meditadas en el momento preciso y en varios idiomas con alguna que otra aportación histórica, hicieron que los 45 minutos que duraba el trayecto se hicieran amenos y agradables.


Abandonada la góndola, había que comer. El abanico de locales es amplio en Aveiro. Después de mirar en varios nos decidimos por el restaurante Ferro. Aun creo estar salivando.
Arroz con rape y gambas para dos y arroz con mariscos para otros dos. Cuando nos quisimos dar cuenta, teníamos en la mesa dos cazuelas enormes con cantidad me atrevería a decir que para ocho. El servicio fue estupendo y la calidad de la comida de diez, así que recomendaría siempre el Restaurante Ferro.



Mas fotografías de Aveiro https://photos.app.goo.gl/7sUsi4b8XpQ11CFu7



GUIMARAES

Guimaraes, nuestra ultima visita en tierras portuguesas ofrece lo típico de de una ciudad o pueblo medieval. Calles empedradas, plazas con soportales, castillo medieval y museos. 





Mas fotografías de Guimaraes 


Por supuesto  como en tantas otras ciudades medievales no podía faltar un palacio Ducal. En este caso el Palacio Ducal de los duques de Braganza. Construccion majestuosa del siglo XV aunque totalmente remodelada. 



Vale la pena pagar la entrada para poder pasear por las habitaciones que en su día sirvieran de morada de estos duques que a bien seguro, no les faltaba el dinero. 

Mas fotografías del Palacio Ducal.
 https://photos.app.goo.gl/Nmvs5QAEEFEfdpqG7

Esto es todo lo que ha dado de si la estancia en tierras de Potugal. No ha sido poco para tratarse de siete días. Oporto, Braga, Averio y Guimaraes. En mi opinión bien vale la pena realizar una visita a nuestro país vecino.
Por supuesto todas las fotografías han sido realizadas por un servidor, completamente amateur. Podeis opinar o criticar.

Un saludo y hasta el siguiente destino.











          






















domingo, 12 de febrero de 2017

Una imagen un relato. Fin del camino








Aquí dejo el relato que me ha suscitado la fotografía de la colección Street Photography, https://plus.google.com/u/0/collection/s3Gy3 de Pedro Ponce. Como de costumbre lo expuesto en el relato es completamente ficticio y únicamente pretende dar rienda suelta a la imaginación. 



Una imagen un relato. Fin del camino






Todo tiene un final. Bueno o malo, eso es algo que está por ver.
Yo he llegado al final de  mi camino. En este día del todo desapacible, me encuentro cansado. La soledad que siempre me ha acompañado hace mella en mí y actúa, especialmente hoy, como una losa de la que soy incapaz de desprenderme.
En términos generales siempre he creído que la vida es justa. Obviamente, otros opinarán todo lo contrario.
Las encrucijadas, los caminos que elegimos, miradas que cruzamos o sostenemos con otras personas a las que nunca antes habíamos visto, la ayuda que ofrecemos a seres completamente ajenos a nosotros o por el contrario, el desprecio con el que los tratamos. Todo forma parte de un complejo entramado del que el único denominador común es uno mismo.
Yo elegí mi camino, intenté trazar mi propio destino. Ahora en esta última ascensión quizás pueda mostrar mi arrepentimiento.
Mi rostro ya demacrado, curtido en mil batallas deja entrever que los días pasados no han sido todo lo placenteros que uno podía esperar. Mis manos, arrugadas y llenas de cortes. Es curioso, si las miro de cerca, todos esos cortes parecen surcos y estos a su vez caminos. Quizás son los caminos que he escogido o quizás los que debería haber utilizado los que se marcan en ellas de forma imborrable.
Ahora las contemplo mientras progreso peldaño a peldaño y en ellas veo reflejadas sus caras. Las caras de aquellos que para bien o para mal se han ido cruzando en mi camino. En ellas veo reflejado dolor y sufrimiento. Curioso, en este instante me embarga una enorme tristeza. Pienso, pienso y pienso pero me cuesta recordar, encontrar un momento de alegría, de felicidad. Aunque lo intento no logro ni tan siquiera acercarme a un recuerdo de unión familiar. Imagino que alguno ha de haber, no en vano soy un ser humano e imagino que en algún momento tuve infancia. No obstante, debe ser un recuerdo tan lejano que ya no tiene cabida en mi memoria.
Llegados a este punto, ya no importa, no es posible volver a andar el camino recorrido.
Aquí estoy. Regreso al lugar del que algún día debí salir. Con la misma pobreza y miseria que seguramente me empujó a abandonarlo. Pero también tranquilo y en paz, sabedor de que lo que he sido se lo debo en gran parte a usted.
Aquí le dejo estas palabras que he logrado redactar en mis últimos estertores ya que mi única intención es la de terminar mis días aquí. Sentado en este último escalón situado justo delante del nº 4 .

Algún día mucho se hablará de lo que pudo o no haber sucedido tras esa puerta.











viernes, 3 de febrero de 2017

Una imagen, un relato " Calle Montserrate, La Habana "


 Al ver esta imagen antigua de Cuba, de la colección de fotografías de Eduardo Riestra ( https://plus.google.com/u/0/+EduardoRiestra ), sentí la necesidad de documentarla. Así que aquí dejo el relato corto que me ha suscitado dicha imagen. Por supuesto todo es inventado y no pretende más que dar rienda suelta a la imaginación.






Como ya venía siendo costumbre aquella calurosa semana de julio, el día amaneció apacible. El color azul del cielo y la ausencia de nubes en el, no hacía presagiar un cambio brusco en el potente anti ciclón que se había instalado en nuestra isla. 

Decidido pero a paso lento, no en vano uno ya tiene cierta edad y la época de las prisas y las carreras ha quedado simplemente para el recuerdo, me dirijo a la parada de autobús más cercana. 
- ¡bendita sea mi suerte!, el 215 acaba de abandonar la parada. Últimamente empieza a ser costumbre perder el autobús, una muestra más de que uno ya no está para grandes trotes. 
- No importa - me digo a mi mismo, intentando auto convencerme de que eso le pasa a todo el mundo. En breve llegará otro. 
Es agradable pasear. En la calle hay movimiento. El trasiego de enseres de un lado para otro unido al ir y venir de coches y camionetas hace que no todo esté perdido. Es ese movimiento, ese ajetreo el que hace que me sienta vivo. 

Una mirada a mi derecha me sirve para constatar el éxito de la nueva apertura en la zona. Mañana hará un mes desde que iniciara su andadura el Café el Gallo con una pomposa inauguración. Convertido en un local de referencia para tertulianos, está en boca de todos.
Me contemplo. Reflejado en el enorme ventanal puedo ver como luce mi traje. La verdad es que doy el pego. Completamente de blanco y con zapatos cuidados bien podría pasar inadvertido en el interior del café. Lamentablemente soy consciente de la realidad y mi precaria situación económica no da para gastos no esenciales. 
La apertura del café no ha impedido que Arturo ocupe su lugar habitual. Ataviado con ropas humildes y equipado únicamente con una silla y una caja de madera, se le puede ver cada día practicando el noble arte de limpiabotas. Son pocos los que quedan desempeñando este oficio. Logra subsistir gracias a una clientela más o menos estable.
Reflejado en el ventanal observo movimientos en la otra acera. Dos fornidos mozos se encargan de descargar grandes palmeras que esperan ser alojadas en una mejor ubicación. 
Los mozos son jóvenes y parecen distraídos. Ya casi no recuerdo cuando yo tenía su edad. Quien sabe lo que les deparará el futuro.

La marcha del autobús ha dejado al descubierto la zona más concurrida de toda la calle Montserrate. Ya puedo ver el restaurante La Zaragozana. Situado en el nº 352 goza de una envidiable salud. Quien le iba ha decir a su fundadora que más de 100 años después seguiría, no solo funcionando,  sino que se convertiría en lugar de culto y punto de referencia culinario. Cualquier turista dado al buen comer no puede abandonar la isla sin haber degustado cualquiera de sus exquisitos platos.
La calle está llena de vida. Turistas y no turistas coincidimos. Nos agolpamos en la pequeña acera, sintiendo la necesidad de mirar por el gran ventanal. Impecablemente limpio, deja ver el interior del establecimiento. Está prácticamente lleno y la cara de gozo en los comensales es total. El ambiente agradable y tranquilo hace que todo en su interior tenga la sensación de estar transcurriendo en cámara lenta. 
Sin saber porqué, me dejo llevar por la multitud y me adentro en el local empujando la pesada puerta. Un exquisito olor impregna mis fosas nasales. Siento la necesidad de acercarme a cada mesa con la intención de que mi vista se pueda recrear en esos suculentos platos y poder localizar el origen del embriagador olor. 
Algo inesperado me saca del letargo en el que me hallaba  sumido.
- ¿cenará solo o acompañado? , señor. 
La pregunta del metre me sobresalta. Rápidamente pero de forma sutil, deslizo la mano al interior del bolsillo de mi pantalón, acariciando mi pobre y desnudo monedero. 
Volviendo a la realidad, soy consciente que ese no es lugar para mí. Por el rabillo del ojo veo que se aproxima mi autobús. 
- gracias pero otro día será - le digo intentando dar sensación de normalidad. 
Salgo y avanzo  pegado a la pared intentando abrirme paso entre los curiosos. Obviamente no tengo intención alguna de bajar al asfalto. Mi objetivo es coger el autobús, no morir aplastado por él.
Una vez dentro me relajo. 

Me alejo de La Zaragozana rumbo al Malecón para contemplar a las gaviotas. Son las únicas en la isla que me hacen compañía sin pedir dinero a cambio. 















viernes, 10 de abril de 2015

La Grieta







La Grieta

            Todo ocurrió una aciaga tarde de Abril de hace ya cinco años. Hasta ahora no había sido capaz de contar lo sucedido. Hoy, aún no sé muy bien porque, siento la necesidad de dar a conocer lo que allí aconteció. Soy consciente de la dificultad que entraña el poder dar crédito a unos hechos  como los que estoy a punto de relatar.
En la vida te suceden cosas realmente desagradables, otras las podemos definir como extrañas y en infinidad de ocasiones, simplemente  muy curiosas. En mi caso, el azar, me deparó un hecho que únicamente puedo catalogar de insólito a la par que misterioso, aunque sinceramente creo que lo que más se asemeja a la realidad vivida es decir que, simplemente, aquel suceso no podía ser de este mundo.
Hubo momentos en que me pregunté ¿ es posible que haber leído tanta literatura de ficción en mi juventud hiciera ahora que la mente me jugara malas pasadas ?.
Tengo que decir que prácticamente al mismo tiempo en que  me formulaba preguntas como esta, las desechaba al instante, ya que lo que estaba contemplando, lo que estaba viviendo, por fuerza debía ser real. Era capaz de sentir el frío, la respiración jadeante hacía que  las emanaciones que surgían de mi boca se convirtieran en nubes de vaho que permanecían suspendidas en el aire en lo que parecía ser un tiempo infinito. Aunque fue la soledad, o mejor dicho la falta de ella, lo que produjo mi mayor  turbación.  Creer que yo era el único ser que habitaba en ese momento aquel lugar y descubrir que estaba equivocado, fue sin duda, el instante más aterrador que he vivido jamás.
A continuación relataré los hechos con la mayor precisión que me sea posible. Serán otros, los que juzgaran más tarde si lo narrado es digno de ser tenido en cuenta o por el contrario, lo mejor para todos es encerrarme en un psiquiátrico. Esto último significaría que estoy loco, aunque también pudiera ser que, simplemente,  no estamos preparados para entender o comprender según que cosas.
Inicio
Como he comentado antes, todo empezó una tarde de Abril. Concretamente el 2 de Abril de 2010 de hace exactamente cinco años.
Por aquel entonces era un tipo atlético, bueno en realidad aun lo soy y contaba la edad de 25 años. Me gustaba participar en casi cualquier evento deportivo que incluyera una buena carrera a pie. Lo cierto es que no me perdía ni una de los diferentes certámenes  que se organizaban aquí en Kentaka.
Aquel día participé en la Ultra Trail de montaña, conocida entre los habituales como la Quebrantahuesos. Se trataba de una carrera de orientación  de 90 Km. No sé cómo, ya que ciertamente me considero experimentado, pero perdí el rumbo. No sé decir exactamente como sucedió, pero cuando quise darme cuenta me encontraba fuera de la pista marcada. Mis intentos por intentar localizar de nuevo el camino fueron totalmente infructuosos. Decidí emprender una carrera campo a través. Supuse que si atravesaba el bosque pendiente abajo, en algún momento debería toparme de nuevo con la pista por la que transcurría la prueba.
Ahí estaba yo, corriendo como si un jabalí anduviera detrás mío cuando de repente, sin saber porque, ni como podía suceder algo así, la tierra se abrió bajo mis pies. Una grieta del tamaño de un camión estaba justo delante y sin remedio alguno me precipite hacia ella.
Aquí es donde los acontecimientos se tornan de difícil comprensión, incluso para mí que los viví en primera persona. 
Desperté en un lugar oscuro y frio. No tengo ni idea del tiempo que pasó hasta que recuperé el sentido, si es que alguna vez lo hube perdido. Tampoco sé como llegué hasta allí. Recuerdo lo de la grieta, eso sí, pero el lugar donde me encontraba era completamente oscuro y no se apreciaba ni un resquicio de luz en el que hubiera podido existir una entrada o salida al exterior. El miedo se apoderó de mí, lo confieso,  pero quien no lo tendría en aquellas circunstancias. La estancia era fría, muy fría. La percepción de estar siendo observado hacia que el corazón me latiera a toda velocidad.  Recuerdo apoyar las manos sobre el suelo y recorrerme por todo el cuerpo un escalofrió como si de una descarga eléctrica se tratara. La superficie no era lisa, sino más bien blanda y rugosa. Sin saber de donde procedían, unos sonidos sumamente desagradables empezaron a retumbar por toda la estancia. Poco a poco incrementaron su intensidad. Uno tras otro, como si de una lista de Dioses se tratara, aquella voz de ultratumba pronunciaba nombres, o eso creía yo, totalmente incomprensibles para mí. Transcurridos más o menos cinco interminables minutos, el espantoso sonido cesó. Sentado en el suelo y temblando de pies a cabeza, me agarré fuertemente las rodillas, sabedor de que algo malo estaba a punto de suceder. A mi derecha como si de un faro en alta mar se tratara, emergió un destello, una luz que con el paso de los segundos ganaba en intensidad. Poco a poco la siguieron otras. Por un instante mantuve fuertemente cerrados los ojos. Cuando por fin los abrí, pude ver toda la sala iluminada. No daba crédito a lo que estaba contemplando. Aquel lugar no tenía fin. Me encontraba en una especie de bóveda de proporciones colosales. Sí, creo que la palabra exacta es Colosal. Ahí dentro cabrían países enteros. Por un momento creí haber perdido el juicio, ¿cómo era posible que existiera algo semejante bajo la superficie? De repente, oscuridad. Todo quedó sumido en la más absoluta negrura. Los acontecimientos se sucedían sin previo aviso. Una diferente gama de colores hizo su aparición. Recorrían las interminables paredes describiendo una especie de danza que sin duda solo podía entender quien la estuviera provocando. En un momento determinado todo movimiento cesó y los colores pasaron a concentrarse originando una enorme esfera. Esta giraba de forma constante sobre sí misma. No entendía nada, ¿Por qué estaba yo allí? y ¿qué es lo que querían de mí? Un ensordecedor sonido me sobresaltó. Caí hacia atrás y tendido en el suelo con una mano intentaba palpar la superficie mientras que con la otra lo único que quería era parar al ser que estaba emergiendo de la esfera. Dios mío, eso no podía ser real. Cada vez era más grande y más grotesco. Aquella cosa, sin duda, no podía ser de este mundo. De grandiosas proporciones. No disponía de brazos, más bien eran un sinfín de apéndices que en su extremo final disponían de una especie de aleta viscosa. Todo su cuerpo daba la impresión de ser gelatinoso. Parecía no tener cabeza y en ningún momento pude distinguir nada que pudieran denominarse ojos. Sentí que todo estaba perdido. Obviamente nada tenía que hacer con semejante bestia que sin duda alguna debía pertenecer al inframundo.
Se abalanzó sobre mí como un guepardo lo haría sobre una gacela. Recuerdo el miedo, las lagrimas que me caían por el rostro y gritar, recuerdo gritar como un niño desconsolado. De repente, silencio, quietud. Me encontraba envuelto por aquel gigantesco ser y …  una explosión de imágenes sacudieron mi cabeza. Pasaban galaxias enteras frente a mis ojos, contemplé planetas de los que no sabía ni su nombre ni conocía su existencia. Vi ante mí, seres que habitaban otros astros o asteroides. Vi guerras, muerte y destrucción. Vi como se extinguían estrellas, que sin saber porque, supe que tenían millones de años. Vi como el universo se expandía y se contraía a voluntad de mi anfitrión. Planetas enteros pasaban uno tras otro por delante  y a través de mí. De repente uno conocido, Saturno. Sus anillos me atravesaron como el cuchillo a la mantequilla para dar paso rápidamente a Júpiter. Al poco hizo acto de presencia Marte y posteriormente la Tierra. La sucesión de imágenes se detuvo. Veía la Tierra girar sobre sí misma. Ninguna clase de geografía de las que hubiera dado en mi juventud podía superar aquello. De nuevo una cascada de imágenes empezó a proyectarse. La Tierra giraba y giraba y comprendí que aquel ser me estaba mostrando nuestro planeta desde sus orígenes. Las imágenes avanzaban como si de un DVD en cámara súper rápida se tratara.
Prehistoria, Edad Antigua y Edad Moderna, todo iba tan rápido que parecían mezclarse las diferentes etapas. Edad Contemporánea y nuestros días. De repente fuego, destrucción. Vi como los mares emergían como si de Tsunamis gigantescos se tratara y devoraban ciudades costeras. Vi enormes montañas que se abrían como flores en primavera  y envolvían todo aquello que tuvieran en sus proximidades. Vi caer del cielo enormes bolas de fuego que impactaban sin control sobre ciudades enteras dejando arrasadas las zonas de impacto. Y la humanidad, vi como perecían pueblos enteros, ciudades, continentes. Vi el fin de nuestra civilización.
Sin aviso previo, aquella gigantesca y deforme masa me expulsó del interior de la esfera pronunciando algo que sin duda, algún significado tendría, pero que yo fui incapaz de descifrar. Lo siguiente que recuerdo es haber despertado en la habitación del hospital y mi posterior traslado. Por lo visto un grupo de participante de la Quebrantahuesos me encontró tirado en el camino y sin conocimiento. Así que aquí estoy, escribiendo lo que sin duda alguna debió ser un sueño y bien da para un relato.
-¿Cómo se encuentra hoy?, señor. ¿Se encuentra  con ánimos? ¿Quiere ver la televisión quizás? - me preguntó el enfermero.
-Sí gracias, información local si es posible-
Las noticias de las cinco aparecieron en pantalla. El grito que emití hizo que los enfermeros que estaban por los pasillos entraran raudos en mi habitación.
“Una enorme grieta se había abierto en una pista forestal, a escasos kilómetros, sin que técnicos ni expertos  sepan decir porque “, rezaba el titular de la noticia.
FIN.











martes, 17 de marzo de 2015

Títeres en manos de Dioses

La frase con la que jugamos esta vez en el " Te Robo una frase ", es la siguiente: 
No espero ni pido que alguien crea en el extraño aunque simple relato que me dispongo a escribir. Loco estaría si lo esperara, cuando mis sentidos rechazan su propia evidencia. Pero no estoy loco y sé muy bien que esto no es un sueño. - De Edgar Allan Poe, El Gato Negro. 





Títeres en manos de Dioses


El ambiente en la sala se había empezado a calentar hacia ya un buen rato, cuando un grupo de personas de avanzada edad comenzaron a increpar y boicotear la exposición al grito de “patrañas, quien se va a creer eso “.
 Justo en el instante en que se proponía dar alguna explicación que apaciguara un poco los ánimos, se abrieron las puertas del gran salón. De repente se hizo el silencio y prácticamente la totalidad de los allí presentes se giraron al unísono para saber quien importunaba de aquella manera.
Completamente inmóvil, entre las dos enormes puertas de roble, una copia exacta de las del Baptisterio de Florencia, se encontraba un joven de aspecto más bien rudo. De serio semblante, daba la impresión de ser un personaje sacado de alguna novela de aventuras. Ataviado con pantalones y camisa tejana, sombrero y botas, portaba algo en su mano derecha que a todas luces, parecía ser algo pesado. Por desgracia no era visible para los presentes ya que estaba cubierto con una especia de manto oscuro.
El hombre avanzó en silencio y de forma tranquila hacia el interior del salón y levantando la mano donde portaba el objeto misterioso, se dirigió a los asistentes.
-          Quien soy no es importante. Solo tenéis que saber que lo que aquí os traigo es la prueba de que lo que está a punto de contaros es cierto, aunque dudo mucho que un grupo de ignorantes y escépticos como vosotros sea capaz de comprender algo.
Acto seguido, depositó el objeto en la mesa y salió cerrando cuidadosamente las grandes puertas, no sin antes girarse, haciendo un barrido visual, sabedor de que todos le estarían observando.
Bien, después de este pequeño inciso, espero que ahora me presten un poco más de atención. Mi nombre es Alen Dorey y soy escritor. Para los que no me conozcan, me dedico principalmente a escribir novelas en las que intento mezclar realidad con ficción. Para poder escribir estas novelas realizo, como no puede ser de otra manera, una labor de investigación. Ha sido esa labor de investigación la que me ha llevado a estar sentado frente a ustedes.
Lo habitual es que el relato o novela se lea después de ser escrito y publicado. En este caso y dado lo inusual de los hechos acontecidos me parecía que lo más correcto era compartirlos primero con los representantes de esta pequeña y alejada comunidad ya que serán parte esencial.
Por supuesto, No espero ni pido que alguien crea en el extraño aunque simple relato que me dispongo a escribir. Loco estaría si lo esperara, cuando mis sentidos rechazan su propia evidencia. Pero no estoy loco y sé muy bien que esto no es un sueño. Así que escuchen atentamente.
El rostro de cada uno de los allí presentes reflejaba claramente dos cosas. En primer lugar, no tenían ni idea de quién era la persona que les estaba hablando. Estaba claro que era muy probable que  por aquellas latitudes no conocieran ni por casualidad la existencia de escritor alguno y menos aun la de uno que se dedicaba a la fantasía o ficción. Por otro lado, casi se podía leer en sus ojos el escepticismo que representaban sus palabras.
 Era evidente que aquellas gentes se estaban haciendo dos simples preguntas  ¿Podía ser que alguien venido de fuera hubiera descubierto que estaba pasando allí?  Y por otro lado ¿esa persona estaba dispuesta a ayudarlos o simplemente a exponer los hechos?
Les voy a hacer una breve exposición de lo que he descubierto –dijo-, antes de que ninguno se aventurara a formular pregunta alguna.
No muy lejos de aquí, aunque completamente desconocida para todos ustedes, se encuentra una base militar. Por razones obvias está lo suficientemente oculta para no ser descubierta. En ella, se llevan a cabo experimentos de todo tipo. Principalmente todos aquellos experimentos que tengan o guarden relación con el genoma humano, aunque a tenor de los que sabemos, no le hacen ascos a nada. La tecnología utilizada es absolutamente de última generación. Para ser más exactos, les diré que es un nivel tecnológico que no ha podido ser  alcanzado por el ser humano.  Como ya les he dicho antes, no pido que me crean, sé que es cierto y en breve ustedes también lo sabrán.
Sé que la mayoría de ustedes ha perdido a sus hijos. Un día, se levantaron y simplemente ellos ya no estaban. Imagino la angustia por la que debieron pasar. ¿Cómo era posible que hubieran desaparecido de la noche a la mañana sin dejar el menor rastro? Y ¿menos en esta tierra yerma y helada donde difícilmente ocurre algo inesperado? Entiendo su sufrimiento. Yo soy padre de dos niñas preciosas y no sé qué sería de mí sin ellas. En fin, les daré una noticia que espero les haga sentirse esperanzados y en cierto modo les devuelva la ilusión. Estoy en condiciones de poder afirmar que ¡sus hijos se encuentran vivos!
La alegría se desbordó en la sala. Los ancianos allí presentes se abrazan unos a otros y las lagrimas en caían como torrentes por las caras de las madres que durante tanto tiempo habían dado a sus hijos por muertos.
¡Bien si me permiten! Continuaré con mi exposición.
¡Como ya les he dicho! Esa base militar tiene una avanzada tecnología que como también ya habrán concluido por mis palabras, proviene de una civilización extraterrestre. Durante muchos años el gobierno se ha estado beneficiando de esta tecnología, hecho este que por supuesto ha negado siempre que ha surgido el tema. Estos seres extraterrestres proveen al gobierno de algunos de sus avances tecnológicos y a cambio reclaman otras cosas. Por así decirlo, se establece un Quid pro quo. En este caso, lo que se entregó a cambio de mayor poder tecnológico, fue a sus hijos.
Por alguna extraña razón, estos seres extraterrestres, no vienen aquí, bajan con sus naves y se manifiestan sin más en nuestro jardín cogiendo aquello que desean. Necesitan que lo que ellos reclaman sea depositado en un lugar específico para ser trasportado a su nuevo hábitat. Eso fue exactamente lo que paso con sus hijos. Uno a uno o bien en grupos reducidos fueron secuestrados por miembros del gobierno y llevados a una cámara donde simplemente se vieron reducidos a la mínima expresión. Sus seres queridos están vivos, si, pero no están llevando una vida como antes habían conocido. Una vez en esa cámara, estos amigos extraterrestres  son capaces de codificar la información genética de cualquier individuo y crear una réplica exacta pero con un tamaño tan reducido que dos de ellos cabrían en la palma de la mano. ¿Para qué hacen estas réplicas? se preguntaran. Pues bien, parece ser que esta es la única forma que tienen de ser tele transportados a su planeta.  
En ese estado es como se encuentran ahora sus hijos, el único problema es que no sabemos exactamente donde, como comprenderán la Galaxia es muy grande.
Sus hijos no son los únicos que han sido secuestrados primero por el Gobierno y entregados posteriormente a estos seres extraterrestres. Esta práctica se viene dando cada cierto tiempo, en esta ocasión la comunidad elegida ha sido esta. Por desgracia para ustedes siempre se eligen enclaves cercanos a bases militares. Hay que decir que los individuos no se enteran nunca de que han sido duplicados. Previamente son captados y retornados con posterioridad sin que recuerden nada en absoluto.
Antes de mostrarles lo que se oculta bajo este manto, les tengo que decir que cuando los individuos son duplicados, ya no se hace necesaria la presencia del original, por desgracia el Gobierno elimina cualquier rastro. Así pues, hemos logrado reunir en este salón a todos y cada uno de los miembros de esta comunidad para mostrarle esto.
Con cierto sentido teatral, despojo al objeto situado en la mesa de la lona oscura que lo cubría. Para asombro de todos, apareció una especie de urna donde se podía ver claramente en su interior. Los ancianos despertaron del letargo en el que estaban sumidos y se acercaron para poder ver con claridad a los pequeños seres del interior de la urna. Con sorpresa y horror comprobaron que cada uno de los allí presentes se encontraba duplicado. Desgraciadamente comprendieron la situación en el mismo instante en que las enormes puertas se abrieron de nuevo y dieron paso a personal militar fuertemente armado que sin mediar palabra abrió fuego sobre todos ellos.
Desde la urna, incapaces de hacer nada, comprobaron como esos gigantes que algún día habían sido ellos mismos eran ejecutados.
Alen Dorey cogió la urna y levantándola hasta la altura de sus ojos habló a los pequeños seres.  -¿próximo destino?, desconocido, pero lejos de este planeta- .Lástima que no puedan leer mi próxima novela, estoy seguro de que será un éxito, aunque aún tengo dudas con el título de la misma.  Como ven, mi labor de investigación ha sido un éxito y he dado con un nuevo grupo que sin dudas hará las delicias de nuestros amigos.











martes, 17 de febrero de 2015

Solo quedan las palabras


Aquí dejo mi segunda entrada en el fantástico juego de  Ramón Escolano " Te robo una frase ". La frase a utilizar en esta ocasión Cuando llegamos a la planta baja me dije que era el momento de intentar escaparme. En el sótano sería demasiado tarde.





Quizás debería empezar diciendo quien soy y que hago aquí, aunque no dispongo de mucho tiempo ¡él me está buscando!
Paso los días en este edificio sucio y abandonado. Hace ya tiempo que mis padres murieron. ¡Ahora que lo pienso¡ puede que lleve aquí ya casi cuatro años. No es una situación que yo buscara pero, digamos que recibí un castigo demasiado severo.
Mis padres eran normales. Mi madre maestra de primaria y mi padre fontanero de profesión aunque era capaz de desempeñar cualquier trabajo si eso suponía un extra a final de mes. Que yo recuerde no pasábamos penurias y sinceramente creo que éramos una familia feliz. Desgraciadamente amigos no teníamos muchos. Nos habíamos mudado de una gran ciudad como Nueva York. Recuerdo que mi padre decía que tendría más oportunidades para trabajar, si estaba cerca de Boston, donde según él tenía conocidos que probablemente le ayudarían. Por desgracia el sueldo de mi madre y las chapucillas de mi padre únicamente dieron para una pequeña casita de una planta en Bolton.
Yo no encajaba mucho en la escuela. Estudiar me gustaba lo justo y en lo referente a hacer amigos no era precisamente un eminencia. Salía de clase y directamente me dirigía a casa con lo que más bien me relacionaba poco.
Cierto día, salí del colegio y como era costumbre me dirigía a mi casa por la gran avenida cuando empezaron a sonar sirenas. De repente, circulaban a gran velocidad ambulancias, coches de bomberos y de policías. Poco tardé en darme cuenta que todos se dirigían a mi casa.
Recuerdo, que llorando amargamente empecé a correr en dirección al fuego, intentando atravesar el cordón policial. Gritaba una y otra vez ¡es mi casa!, ¡mis padres!¡mis padres!. Todavía siento  la fuerza de los brazos del agente que me sujetó.
Nadie pudo hacer nada. Mis padres no lograron salir de la casa. En un momento lo había perdido todo y no tenía a donde ir.
Al principio estuve en hogares de acogida, pero no funcionó. Era incapaz de amoldarme y ahora me arrepiento. Fui saltando de casa en casa hasta que decidí que lo mejor, era estar solo y que pasara lo que tuviera que pasar.
Vagabundeando por las calles acabé es este edificio. Ahora que estás atento sí que te puedo decir que fue una muy mala decisión. ¡bufff! ¿ lo oyes ? ah no, tú no puedes. Bueno, solo has de saber que ya viene.
Durante todo este tiempo he podido permanecer al margen, escondido entre las ruinas de este estercolero. Pero ya me ha descubierto. ¡Sé su secreto!¡Sé lo que les hace ahí abajo!
¿Qué porque no me he ido antes? Pues si, pero ¿a dónde? Supongo que tarde o temprano hubiera acabado en otro estercolero como este.
¡Te tengo que dejar! ¡Ya está aquí! ¡Solo esa puerta me separa de él! Tendré que ingeniármelas. Por cierto aquí en esta habitación está conmigo Peyton. Un pobre mendigo que me temo correrá la misma suerte que yo.

 Cuando llegamos a la planta baja me dije que era el momento de intentar escaparme. En el sótano sería demasiado tarde. ¡lo intenté! ¡Que se sepa que lo intenté¡ Para nuestra desgracia, nada pudimos hacer.  Él nos atrapó, solo espero que se sepa que fue en este sótano donde acabaron los huesos de todas esos desaparecidos. ¡Aquí estoy ¡ en esta habitación casi a oscuras escuchando los gritos desgarradores de Peyton, esperando que llegue mi turno.
 

Para ti, que estás leyendo esto ¡LO INTENTÉ!