viernes, 11 de julio de 2014

Quimera









Observaba como las olas se aproximaban hacia él, rompiendo justo debajo de su balcón, que como si de un portal al más allá se tratara, colgaba de la fachada de la casa.
Allí, asomado al mundo, podía contemplar la mar embravecida, enviando olas como si de legiones se tratara, obligando a estas a romper con furia sobre las rocas, en lo que a su modo de ver, era uno de los espectáculos más bellos que se podían contemplar. Las olas cubrían de espuma las rocas, que esperaban impasibles, como si con ellas no fuera la cosa, la embestida de la siguiente. Retrocedían, se preparaban y de nuevo volvían a la carga. Necesitaban entrar, las olas necesitaban entrar. Estaba convencido de que tenían vida propia y que su intención era llevárselo. Quizás su destino era que algún día una de ellas, enviada por el mismísimo Neptuno, lograra arrebatarle aquella posición de privilegio.

 Contemplando el mar como de costumbre le pareció ver algo diferente. ! Las olas pensó ¡Algo estaba pasando con las olas. Sencillamente no existían.
 El mar había cambiado, ahora una única ola dominaba el horizonte. Desconcertado, miró hacia abajo. El agua estaba retrocediendo, dejando al descubierto todas aquellas rocas que durante tantos años habían permanecido ocultas.
No podía creerlo. Parecía que la ola lo miraba fijamente. Se acercaba, más y más y cada vez más cerca.
Sobre ella cabalgaba alguien, flanqueado por dos enormes aves.

Retrocedió, resbaló y quedó tendido. Podía ver entre la balaustrada de su balcón como la ola crecía.
Crecía y crecía. Se alzó delante de él. El ser no era el Dios que siempre había deseado ver, pero sin duda se trataba de alguien muy poderoso. ! Increíble ¡Permanecía en pie sobre la ola flanqueado por dos aves de proporciones colosales, auténticas gigantes, parecían flotar en el aire. Aun tendido en el suelo, sin poder moverse, estupefacto, vio como la ola descargaba sobre él. Sintió como era engullido, como sus carnes eran rasgadas por lo que le parecieron millones de cuchillos. Su cuerpo era arrastrado.  Agarrado por una pierna, vio como el suelo se alejaba para acto seguido dirigirse de nuevo hacia el a una velocidad alarmante. Notó el impacto, como sus huesos se quebraban, gritos de dolor estremecedores cuando notó crujir la espalda, total oscuridad... era zarandeado. No podía creerlo. ¿Porqué no moría? El dolor era insoportable. de nuevo otro golpe y otro. Las dos aves se abalanzaron sobre el como si de su último bocado se tratara. Posaron sus zarpas en su destrozado cuerpo. Una le agarraba las piernas mientras que la otra lo tenía bien sujeto por los hombros. Notó como las garras le atravesaban y destrozaban su pecho. En ese instante lo comprendió.  Las dos aves echaron a volar en direcciones opuestas. 

De repente, como si de un halo de luz se tratara, empezó a distinguir claridad. Poco a poco aumentó en intensidad. Al poco, un rostro conocido. 

! Mama ¡ gritó alarmado. 
Anda hijo, levántate. Tu siempre perdido en tus Quimeras. 



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