Observaba como las olas se
aproximaban hacia él, rompiendo justo debajo de su balcón, que como si de un
portal al más allá se tratara, colgaba de la fachada de la casa.
Allí, asomado al mundo, podía
contemplar la mar embravecida, enviando olas como si de legiones se tratara,
obligando a estas a romper con furia sobre las rocas, en lo que a su modo de
ver, era uno de los espectáculos más bellos que se podían contemplar. Las olas
cubrían de espuma las rocas, que esperaban impasibles, como si con ellas no
fuera la cosa, la embestida de la siguiente. Retrocedían, se preparaban y de
nuevo volvían a la carga. Necesitaban entrar, las olas necesitaban entrar.
Estaba convencido de que tenían vida propia y que su intención era llevárselo.
Quizás su destino era que algún día una de ellas, enviada por el mismísimo
Neptuno, lograra arrebatarle aquella posición de privilegio.
Contemplando el mar como de
costumbre le pareció ver algo diferente. ! Las olas pensó ¡Algo estaba pasando
con las olas. Sencillamente no existían.
El mar había cambiado, ahora
una única ola dominaba el horizonte. Desconcertado, miró hacia abajo. El agua
estaba retrocediendo, dejando al descubierto todas aquellas rocas que durante
tantos años habían permanecido ocultas.
No podía creerlo. Parecía que la ola
lo miraba fijamente. Se acercaba, más y más y cada vez más cerca.
Sobre ella cabalgaba alguien,
flanqueado por dos enormes aves.
Retrocedió, resbaló y quedó tendido.
Podía ver entre la balaustrada de su balcón como la ola crecía.
Crecía y crecía. Se alzó delante de
él. El ser no era el Dios que siempre había deseado ver, pero sin duda se
trataba de alguien muy poderoso. ! Increíble ¡Permanecía en pie sobre la ola
flanqueado por dos aves de proporciones colosales, auténticas gigantes,
parecían flotar en el aire. Aun tendido en el suelo, sin poder moverse,
estupefacto, vio como la ola descargaba sobre él. Sintió como era engullido,
como sus carnes eran rasgadas por lo que le parecieron millones de cuchillos.
Su cuerpo era arrastrado. Agarrado por una pierna, vio como el suelo se
alejaba para acto seguido dirigirse de nuevo hacia el a una velocidad
alarmante. Notó el impacto, como sus huesos se quebraban, gritos de dolor
estremecedores cuando notó crujir la espalda, total oscuridad... era
zarandeado. No podía creerlo. ¿Porqué no moría? El dolor era insoportable. de
nuevo otro golpe y otro. Las dos aves se abalanzaron sobre el como si de
su último bocado se tratara. Posaron sus zarpas en su destrozado cuerpo. Una le
agarraba las piernas mientras que la otra lo tenía bien sujeto por los hombros.
Notó como las garras le atravesaban y destrozaban su pecho. En ese instante lo
comprendió. Las dos aves echaron a volar en direcciones opuestas.
De repente, como si de un halo de
luz se tratara, empezó a distinguir claridad. Poco a poco aumentó en
intensidad. Al poco, un rostro conocido.
! Mama ¡ gritó alarmado.
Anda hijo, levántate. Tu siempre
perdido en tus Quimeras.

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