Gran
noche
Ayer
tuve la oportunidad de poder asistir al espectáculo The Hole 2 en el Teatre
Coliseum de Barcelona.
Lo
primero que debería decir es que la elección de este espectáculo y no otro de
los que se celebraban en Barcelona me costó un poco. No soy muy dado a escenas
de cabaret y menos de estas en las que todo y cuando digo todo, me refiero a absolutamente
todo, está subido de tono. Dicho esto, me alegro de haber escogido este.
Nada
más poner un pie en la sala, uno ya se da cuenta de que no va a asistir a un
espectáculo convencional. Los camareros y camareras, ligeritos de ropa no paran
de moverse por la zona de la platea mientras te ayudan a encontrar tu
localidad.
Ya
sentado en la butaca, empieza el hormigueo, por lo menos en mi caso “como no,
se me ocurrió coger unas de las mesas cercanas al escenario “. En ese momento pienso
que la probabilidad de que algún comentario o que algún miembro del espectáculo
no se dirija hacia nuestra ubicación es mínima.
Obviamente
la ley de Murphy siempre se cumple.
Transcurridos
escasos diez minutos desde que me sentara, una de las vedettes se acerca justo
hasta mí y me hace entrega de un chupito de orujo, normal ¿no? Bien, ahora tenéis que leer la misma frase y
visualizarla, pero sabiendo que la vedette lo único que lleva puesto es ropa
interior, justita justita, de color rojo y que el vaso de chupito aparece de
entre el canalillo de sus t….., si de sus tetas. El chupito buenísimo, ¿la vedette?
Shhh… ¿no había comentado que estaba con mi
mujer en el espectáculo?, diré que la chica era simpática, pero simpática
simpática.
La vedette se marcha y ya parece que empieza el show, como mínimo
es la hora en que debería, pero……………..
Me tocan por la espalda. En ese instante, y solo en una milésima de
segundo pienso “Dios mío otra vedette “aquí hay que aclarar que esta es solo
una capacidad que tenemos los hombres, necesitamos muy poco para imaginar estas
cosas. Dicho esto me giro y efectivamente, una vede…….. Madre mía, dos metros
de alto, un bigote de oreja a oreja y unos brazos que parecían farolas
arrancadas de la Gran Vía. Mi mujer se ríe, cosa que no hacía antes con la
vedette y al personaje le da por acariciar………… bueno aquí lo dejo, uno tiene
una reputación, haber ido para saberlo.
El espectáculo empieza no sin antes preguntarle a mi mujer, ¿cómo
tengo el pelo? A lo que me responde entre risas que “te ha despeinado jajaja “

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