martes, 7 de octubre de 2014

Simplemente, Indignado




Sin duda, habrá un límite.


El actual Gobierno tiene una meta, no me cabe la menor duda. Está claro que se han marcado como objetivo localizar el umbral máximo de indignación a la que estamos dispuestos a llegar los ciudadanos de este país.  De otra forma no se puede explicar la cantidad de sucesos, totalmente inexplicables, a los que están sometiendo a la ciudadanía.

Nos ponen al límite con temas de corrupción, ponerse ahora a enumerar todos y cada uno de los casos en los que están inmersos algunos o varios miembros del Gobierno, sería simplemente una ardua labor. Sinceramente me gustaría más que me encomendaran la búsqueda del Santo Grial, acabaría antes. Al contrario de lo que diría Josef Ajram, en este caso sí que tenemos un límite y pronto llegaremos a él.

También tensan la cuerda los unos y los otros a la hora de tratar temas exclusivamente políticos como está pasando actualmente con La Consulta Catalana. Como no quieren ceder y prima mucho más la hombría española, la indivisible unidad de la nación, el no desmembramiento del País y un largo etc. Utilizan a los tribunales, a los que tienen absolutamente colapsados en favor de su causa para dictar decretos o leyes de última hora, para impedir que un pueblo, simplemente pueda expresarse libremente. Aquí también tenemos un límite y pronto llegaremos a él.

No contentos con esto, en su afán por hacernos ver y entender que todos y cada uno de los actuales gobernantes y miembros que integran el sistema, están por encima nuestro, nos someten a un trato vejatorio a la hora de defender nuestros derechos. Constantemente están pisoteando y dilapidando lo que con  tanto esfuerzo y años ha costado generar. Por mucho en que se empeñe el Monarquita  de turno, llámese  “lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir “o Felipe VI, claramente nombrado Rey con la aclamación popular de toda la Nación, en que todos los ciudadanos somos iguales ante la ley, la verdad es que no todos somos iguales. Son incontables los casos en que  (simplemente por ser político, director de algún departamento ministerial, ministro de justicia “con algún que otro padre imputado en alguna que otra causa “o por debajo en el escalafón, pero todavía seres superiores a nosotros los contribuyentes como por ejemplo alguna que otra tonadillera con el alma enamorada ), no acaban en prisión o ni tan siquiera son imputados.  Cuando alguien, más o menos honrado y honesto, algún Garzón o el Pidio Silva me vienen a la cabeza, intenta tan solo acercárseles, son directamente vilipendiados. Los excluyen, utilizando toda su maquinaria mediática. Es bien sabido que si lo dice La 1 será verdad, no en vano la información seguramente habrá sido proporcionada ABCes por Un MUNDO bien informado y cargado de mucha RAZÓN. Pues aquí, también estoy seguro de que tenemos un límite y pronto llegaremos a él.

Para acabar de rematar una tarde de indignación como esta, uno se entera de la cagada tan estrepitosa llevada a cabo por el ministerio de sanidad con la encantadora y no menos comunicativa ministra querida por todos, Ana Mato. Es realmente alucinante que se puedan llegar a hacer las cosas tan rematadamente mal. A una sanidad pública casi destrozada, con innumerables casos de desatención en el sistema y con una serie de recortes más propios de una clase de papiroflexia en primaria, les ha hecho hoy entrega de un regalo en forma de virus. Ni más ni menos que Ëbola. Habrá debido pensar que como Carme Chacón tubo su gripe porcina durante el mandato del Psoe, ella no podía ser menos, no en vano forma parte de ese gran Gobierno que dirige nuestros destinos y tenía que dejar su huella. En este caso huella en forma a ser posible de víctimas mortales, de ese modo pasará a la historia. Por primera vez, España es pionera en algo, hemos logrado sacar uno de los virus más mortales de África y trasladarlo al continente Europeo, ojo y sin pagar tasas, peajes ni nada que se asemeje “entra, entra bichito que mi sanidad es la mejor “, aquí la SGAE no pedirá seguro derechos de autor.
En lugar de controlar el virus en origen que imagino era la forma más sensata, la ministra decidió que nuestro sistema sanitario era perfecto con unos médicos estupendos para atajar al bichito. Por suerte, pudiera ser que los infectados se salvaran gracias a que realmente el nivel de nuestros profesionales médicos está fuera de toda duda pero no gracias a los medios que el gobierno ha dotado a estos para realizar su trabajo. Los profesionales de la sanidad pública se merecen mucho más y los que dependemos de esa sanidad también nos merecemos mucho más. Es evidente que aquí también existe un límite y pronto llegaremos a él.


Para acabar, un único deseo.  Vivir un único día más después de que leguemos a cruzar el umbral humanamente soportable. Vivir solo un día más para ver que ha quedado de vosotros los corruptos, que espero sea polvo.