martes, 6 de enero de 2015

Huida perpetua




Corría y corría sin mirar atrás. Sabía que estaba a escasos metros detrás de el. Notaba su aliento, podía sentir su respiración, rápida y constante. Era enfermizo. No sabía qué hacer, ¿a dónde ir? No dejaba de correr al tiempo que gritaba ¿por qué a mí? ¿por qué a mí?. No obtenía respuesta. 
Dobló una esquina y sacando fuerzas sin saber muy bien de donde, aceleró el ritmo. Estaba exhausto. Decidió parar y mirar a tras. Nada, no veía a nadie. Una ligera bruma le impedía distinguir con claridad. ¿Quizás su perseguidor había desistido?, ¿dónde estaba? Apoyado con las dos manos en el muro que tenia justo enfrente intentaba recuperar el aliento, su corazón latía a un ritmo frenético. Un sonido espeluznante le sobresaltó. De nuevo el ritmo de su corazón se incrementó, en cualquier momento se le saldría del pecho. El sonido hacia que se le erizara cada fibra y filamento de su cuerpo. No sabía de que se trataba, pero se asemejaba mucho al sonido que producía un cuchillo al aplicarlo sobre cristal. !Por favor¡ , el o lo que fuera que le estaba persiguiendo, estaba armado. ¿Pero que quería? Si su propósito era asustarlo, ya lo había conseguido. Estaba aterrado. Algo en su interior le decía que no, que la cosa era sería y si no lograba escapar no viviría para contarlo. Sin duda debía de tratarse de un verdadero perturbado mental. 
No lograba verlo, pero aun así podía intuir su presencia. Se recompuso y de nuevo emprendió su carrera, giró una esquina y........... Ahí estaba. Se detuvo inmediatamente. Las piernas le fallaron y cayó al suelo, mirando fijamente al ser que tenía justo delante. Ataviado con ropa ancha y protegiéndose el rostro con una gran capucha. 
-¿Por qué..... ? No logró acabar la frase. La criatura había levantado el brazo blandiendo una espada de dimensiones extraordinarias. Sin mediar palabra, como si de un latigazo se tratara, la lanzó hacia su cuello. Notó como la hoja entraba en su carne y seccionaba todos y cada uno de los tejidos de su cuello. De repente, se encontraba dando vueltas.
Veía los edificios pasar dando vueltas, las paredes acercándose y alejándose, las luces de los faroles que iluminaban la oscura calle se encendían y se apagaban. Todo esto mientras su cabeza rodaba y rodaba calle abajo. De repente un salto. El suelo se alejaba para ver como de nuevo se acercaba sin poder parar el brutal impacto. La vista se le nublaba a consecuencia de la sangre que sin duda cubría ya todo su rostro. Lo inevitable sucedió y el impacto contra el suelo fue tremendo. Podía sentir como los huesos de su cráneo se quebraban. Jamás había experimentado un dolor similar.
Su perseguidor, situado justo en frente suyo, se inclinó para recoger su trofeo. Agarrando su cabeza y mirándole directamente a los ojos, hablo" De nuevo gano yo. Esto no ha hecho más que empezar". 


Muy mal debió ser la labor llevada a cabo en la otra vida para obligarle a vivir en aquel infierno sin recordar nunca el día anterior.




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