Ubicado en la parte posterior del
autobús que había de llevarlo hasta su destino, ojeaba la sección de sucesos de
un periódico que había encontrado olvidado en la cafetería esa misma mañana y
que por supuesto acabaría en su desván, ya que no se deshacía nunca de las
revistas que leía.
No daba crédito a la cantidad de
casos espeluznantes que allí podían recogerse: un conductor borracho detenido
tras una persecución, un adolescente muerto a manos de un policía, un turista Noruego
que cae de una muralla cuando pretendía hacerse un Selfie, etc. Pero lo que más
le llamaba la atención eran los casos de suicidio. No lograba comprender que
podía impulsar a alguien a quitarse voluntariamente la vida.
En este caso, se trataba de Tomás
Muriel Rojas, eso indicaba el titular de la noticia. Se había ahorcado en su
propia habitación. Para darle más morbo al asunto, la noticia iba acompañada de
la fotografía de la habitación, de ese modo, las mentes enfermas podían recrear la escena.
Por lo que se podía apreciar en ella, se trataba de alguien sencillo y
ordenado. La cama perfectamente recogida, libros en la estantería,
aparentemente bien clasificados y un escritorio abierto. En este se observaban
lápices perfectamente dispuestos y bolígrafos ordenados por colores. Encima del
escritorio una única hoja. No se apreciaba muy bien lo escrito en ella pero si
podía distinguirse la oración, “Espero
que estés satisfecho “. ¿Quién sabe lo que pasa por la mente de alguien
que quiere suicidarse?
Él podía considerarse un joven
maltratado ya que en su época estudiantil sufrió no pocas vejaciones por parte
de sus compañeros de clase. El solo
pensamiento de su etapa como estudiante, evocó inmediatamente imágenes de los responsables. Del bolsillo interior de su americana, sacó un
bolígrafo y empezó a escribir algunos de aquellos nombres en el margen derecho,
justo al lado de la fotografía donde se mostraba la habitación. De alguno de
ellos recordaba incluso los dos apellidos. Después de un corto espacio de
tiempo, había anotado 6 nombres. Durante un par de minutos los había releído
una y otra vez hasta que la señal acústica de próxima parada hizo que levantara
la vista para comprobar que el luminoso indicaba 30 segundos para que tuviera
que apearse. Miró por última vez la lista y encuadró los nombres en una gran
llave en la que anotó “vosotros sí que hubierais merecido algo distinto “.
Guardó de nuevo el bolígrafo en el bolsillo interior e introdujo la hoja
con la lista entre las páginas del
periódico. Se dirigió apresuradamente hacia la puerta y bajó del autobús cuando
este paró.
Transcurrido un mes, se
encontraba en su salón, disfrutando de una taza de café, mientras por los
altavoces de su equipo de alta fidelidad, sonaba música de violín a cargo de
Alvaro Parra. Como de costumbre ojeaba o leía revistas o periódicos. Nada
inusual, todas las noticias eran prácticamente calcadas a las que pudiera haber
habido el día anterior “ partidos políticos echándose la culpa los unos a los
otros, altos cargos implicados en asuntos de corrupción, accidente aéreo en
algún país asiático, etc “ .
En la sección de sucesos
se topó con algo que le llamó poderosamente la atención. Por lo visto, a la
dirección del periódico le había parecido buena idea publicar toda una lista de
personas fallecidas, "en circunstancias curiosas", durante el último mes en la
comunidad. La lista era extensa y constaba únicamente de las iniciales de las
personas fallecidas, acompañadas del motivo de su muerte. Le pareció curioso
leer una lista de de este estilo, así que se puso a ello.
Los motivos eran
variopintos. Algún banquero que había perdido la vida mientras realizaba
submarinismo, un sacerdote que se precipitó a las vías del tren, una
bibliotecaria atropellada por un tranvía, incluso un empleado de la compañía eléctrica que resultó electrocutado mientras realizada labores de mantenimiento en una catenaria.. Detenidamente leyó toda la lista.
Se levantó como un resorte echándose hacia atrás y mirando
horrorizado la lista que acababa de leer.
-no puede ser- pensó. Cómo es posible, debía tratarse de algún
error.
Todavía con el susto en el cuerpo y con un temblor de manos que no
cesaba, se dirigió rápidamente hacia la escalera para subir al desván. Para
cualquier otro, aquello sería un perfecto caos, pero el lograba organizar
mentalmente aquel desastre. Empezó a apartar revistas, folletos y periódicos en
la zona donde creía estar ubicado lo que estaba buscando. Todo perfectamente
clasificado según su sistema, biografías por un lado, divulgación científica por
otro y junto a esta se encontraba todo lo relacionado con revistas y
dominicales.
Por fin, ahí estaba el periódico en cuestión. Perfectamente colocado y metido en su correspondiente bolsa de plástico para protegerlo de la humedad que siempre rondaba la buhardilla.
Con manos sudorosas y con temblores evidentes, lo sacó de su envoltorio. Pasaba las páginas rápidamente buscando las anotaciones que realizara hacía ya un mes.
Nada, no estaba, debió de caer cuando salió precipitadamente del autobús. Hizo un esfuerzo por acordarse. Cogió papel y lápiz y empezó a anotar los nombres que creía haber escrito aquel día. Una vez finalizada la lista bajo apresuradamente las escaleras y con las manos aun sudorosas se hizo con la página de sucesos que le había llevado a aquel estado de ansiedad. Comprobó los nombres anotados con los que aparecían en la fatídica lista. A excepción de uno, el resto casaban a la perfección.
Transcurrió una semana y los golpes en la puerta eran evidentes.
-Abra la puerta, por favor abra la puerta- se escuchaba al otro lado. De repente, esta se vino abajo e hicieron acto de presencia tres hombres armados y perfectamente uniformados.
La escena era dantesca. El cuerpo, con evidentes signos de descomposición, se encontraba colgado por el cuello.
-Un suicidio, señor- dijo uno de los agentes. Esto estaba a sus pies y le entregó una hoja perfectamente doblada. Al abrirla una única frase “Espero que estés satisfecho “.

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