sábado, 3 de enero de 2015

Caprichoso destino


Ubicado en la parte posterior del autobús que había de llevarlo hasta su destino, ojeaba la sección de sucesos de un periódico que había encontrado olvidado en la cafetería esa misma mañana y que por supuesto acabaría en su desván, ya que no se deshacía nunca de las revistas que leía.

No daba crédito a la cantidad de casos espeluznantes que allí podían recogerse: un conductor borracho detenido tras una persecución, un adolescente muerto a manos de un policía, un turista Noruego que cae de una muralla cuando pretendía hacerse un Selfie, etc. Pero lo que más le llamaba la atención eran los casos de suicidio. No lograba comprender que podía impulsar a alguien a quitarse voluntariamente la vida.
En este caso, se trataba de Tomás Muriel Rojas, eso indicaba el titular de la noticia. Se había ahorcado en su propia habitación. Para darle más morbo al asunto, la noticia iba acompañada de la fotografía de la habitación, de ese modo,  las mentes enfermas podían recrear la escena. Por lo que se podía apreciar en ella, se trataba de alguien sencillo y ordenado. La cama perfectamente recogida, libros en la estantería, aparentemente bien clasificados y un escritorio abierto. En este se observaban lápices perfectamente dispuestos y bolígrafos ordenados por colores. Encima del escritorio una única hoja. No se apreciaba muy bien lo escrito en ella pero si podía distinguirse la oración, “Espero que estés satisfecho “. ¿Quién sabe lo que pasa por la mente de alguien que quiere suicidarse?
Él podía considerarse un joven maltratado ya que en su época estudiantil sufrió no pocas vejaciones por parte de sus compañeros de clase.  El solo pensamiento de su etapa como estudiante, evocó inmediatamente imágenes  de los responsables. Del  bolsillo interior de su americana, sacó un bolígrafo y empezó a escribir algunos de aquellos nombres en el margen derecho, justo al lado de la fotografía donde se mostraba la habitación. De alguno de ellos recordaba incluso los dos apellidos. Después de un corto espacio de tiempo, había anotado 6 nombres. Durante un par de minutos los había releído una y otra vez hasta que la señal acústica de próxima parada hizo que levantara la vista para comprobar que el luminoso indicaba 30 segundos para que tuviera que apearse. Miró por última vez la lista y encuadró los nombres en una gran llave en la que anotó “vosotros sí que hubierais merecido algo distinto “. Guardó de nuevo el bolígrafo en el bolsillo interior e introdujo la hoja con  la lista entre las páginas del periódico. Se dirigió apresuradamente hacia la puerta y bajó del autobús cuando este paró.

Transcurrido un mes, se encontraba en su salón, disfrutando de una taza de café, mientras por los altavoces de su equipo de alta fidelidad, sonaba música de violín a cargo de Alvaro Parra. Como de costumbre ojeaba o leía revistas o periódicos. Nada inusual, todas las noticias eran prácticamente calcadas a las que pudiera haber habido el día anterior “ partidos políticos echándose la culpa los unos a los otros, altos cargos implicados en asuntos de corrupción, accidente aéreo en algún país asiático, etc “ .
En la sección de sucesos se topó con algo que le llamó poderosamente la atención. Por lo visto, a la dirección del periódico le había parecido buena idea publicar toda una lista de personas fallecidas, "en circunstancias curiosas", durante el último mes en la comunidad. La lista era extensa y constaba únicamente de las iniciales de las personas fallecidas, acompañadas del motivo de su muerte. Le pareció curioso leer una lista de de este estilo, así que se puso a ello.
Los motivos eran variopintos. Algún banquero que había perdido la vida mientras realizaba submarinismo, un sacerdote que se precipitó a las vías del tren, una bibliotecaria atropellada por un tranvía, incluso un empleado de la compañía eléctrica que resultó electrocutado mientras realizada labores de mantenimiento en una catenaria..  Detenidamente leyó toda la lista.
Se levantó como un resorte echándose hacia atrás y mirando horrorizado la lista que acababa de leer.
-no puede ser- pensó. Cómo es posible, debía tratarse de algún error.
Todavía con el susto en el cuerpo y con un temblor de manos que no cesaba, se dirigió rápidamente hacia la escalera para subir al desván. Para cualquier otro, aquello sería un perfecto caos, pero el lograba organizar mentalmente aquel desastre. Empezó a apartar revistas, folletos y periódicos en la zona donde creía estar ubicado lo que estaba buscando. Todo perfectamente clasificado según su sistema, biografías por un lado, divulgación científica por otro y junto a esta se encontraba todo lo relacionado con revistas y dominicales.
Por fin, ahí estaba el periódico en cuestión. Perfectamente colocado y metido en su correspondiente bolsa de plástico para protegerlo de la humedad que siempre rondaba la buhardilla. 
Con manos sudorosas y con temblores evidentes, lo sacó de su envoltorio. Pasaba las páginas rápidamente buscando las anotaciones que realizara hacía ya un mes. 
Nada, no estaba, debió de caer cuando salió precipitadamente del autobús.  Hizo un esfuerzo por acordarse. Cogió papel y lápiz y empezó a anotar los nombres que creía haber escrito aquel día. Una vez finalizada la lista bajo apresuradamente las escaleras y con las manos aun sudorosas se hizo con la página de sucesos que le había llevado a aquel estado de ansiedad. Comprobó los nombres anotados con los que aparecían en la fatídica lista. A excepción de uno, el resto casaban a la perfección.

Transcurrió una semana y los golpes en la puerta eran evidentes.
-Abra la puerta, por favor abra la puerta- se escuchaba al otro lado. De repente, esta se vino abajo e hicieron acto de presencia tres hombres armados y perfectamente uniformados. 
La escena era dantesca. El cuerpo, con evidentes signos de descomposición, se encontraba colgado por el cuello. 

-Un suicidio, señor- dijo uno de los agentes. Esto estaba a sus pies y le entregó una hoja perfectamente doblada. Al abrirla una única frase Espero que estés satisfecho “.









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