Todo ocurrió una aciaga
tarde de Abril de hace ya cinco años. Hasta ahora no había sido capaz de contar
lo sucedido. Hoy, aún no sé muy bien porque, siento la necesidad de dar a
conocer lo que allí aconteció. Soy consciente de la dificultad que entraña el
poder dar crédito a unos hechos como los que estoy a punto de relatar.
En la vida te suceden cosas realmente desagradables, otras las
podemos definir como extrañas y en infinidad de ocasiones, simplemente
muy curiosas. En mi caso, el azar, me deparó un hecho que únicamente
puedo catalogar de insólito a la par que misterioso, aunque sinceramente creo
que lo que más se asemeja a la realidad vivida es decir que, simplemente, aquel
suceso no podía ser de este mundo.
Hubo momentos en que me pregunté ¿ es posible que haber leído
tanta literatura de ficción en mi juventud hiciera ahora que la mente me jugara
malas pasadas ?.
Tengo que decir que prácticamente al mismo tiempo en que me
formulaba preguntas como esta, las desechaba al instante, ya que lo que estaba
contemplando, lo que estaba viviendo, por fuerza debía ser real. Era capaz de
sentir el frío, la respiración jadeante hacía que las emanaciones que
surgían de mi boca se convirtieran en nubes de vaho que permanecían suspendidas
en el aire en lo que parecía ser un tiempo infinito. Aunque fue la soledad, o
mejor dicho la falta de ella, lo que produjo mi mayor turbación.
Creer que yo era el único ser que habitaba en ese momento aquel lugar y
descubrir que estaba equivocado, fue sin duda, el instante más aterrador que he
vivido jamás.
A continuación relataré los hechos con la mayor precisión que me
sea posible. Serán otros, los que juzgaran más tarde si lo narrado es digno de
ser tenido en cuenta o por el contrario, lo mejor para todos es encerrarme en
un psiquiátrico. Esto último significaría que estoy loco, aunque también
pudiera ser que, simplemente, no estamos preparados para entender o
comprender según que cosas.
Inicio
Como he comentado antes, todo empezó una tarde de Abril.
Concretamente el 2 de Abril de 2010 de hace exactamente cinco años.
Por aquel entonces era un tipo atlético, bueno en realidad aun lo
soy y contaba la edad de 25 años. Me gustaba participar en casi cualquier
evento deportivo que incluyera una buena carrera a pie. Lo cierto es que no me
perdía ni una de los diferentes certámenes
que se organizaban aquí en Kentaka.
Aquel día participé en la Ultra Trail de montaña, conocida entre
los habituales como la Quebrantahuesos. Se trataba de una carrera de
orientación de 90 Km. No sé cómo, ya que
ciertamente me considero experimentado, pero perdí el rumbo. No sé decir
exactamente como sucedió, pero cuando quise darme cuenta me encontraba fuera de
la pista marcada. Mis intentos por intentar localizar de nuevo el camino fueron
totalmente infructuosos. Decidí emprender una carrera campo a través. Supuse
que si atravesaba el bosque pendiente abajo, en algún momento debería toparme
de nuevo con la pista por la que transcurría la prueba.
Ahí estaba yo, corriendo como si un jabalí anduviera detrás mío
cuando de repente, sin saber porque, ni como podía suceder algo así, la tierra
se abrió bajo mis pies. Una grieta del tamaño de un camión estaba justo delante
y sin remedio alguno me precipite hacia ella.
Aquí es donde los acontecimientos se tornan de difícil
comprensión, incluso para mí que los viví en primera persona.
Desperté en un lugar oscuro y frio. No tengo ni idea del tiempo
que pasó hasta que recuperé el sentido, si es que alguna vez lo hube perdido.
Tampoco sé como llegué hasta allí. Recuerdo lo de la grieta, eso sí, pero el
lugar donde me encontraba era completamente oscuro y no se apreciaba ni un
resquicio de luz en el que hubiera podido existir una entrada o salida al
exterior. El miedo se apoderó de mí, lo confieso, pero quien no lo tendría en aquellas
circunstancias. La estancia era fría, muy fría. La percepción de estar siendo
observado hacia que el corazón me latiera a toda velocidad. Recuerdo apoyar las manos sobre el suelo y
recorrerme por todo el cuerpo un escalofrió como si de una descarga eléctrica
se tratara. La superficie no era lisa, sino más bien blanda y rugosa. Sin saber
de donde procedían, unos sonidos sumamente desagradables empezaron a retumbar
por toda la estancia. Poco a poco incrementaron su intensidad. Uno tras otro,
como si de una lista de Dioses se tratara, aquella voz de ultratumba
pronunciaba nombres, o eso creía yo, totalmente incomprensibles para mí.
Transcurridos más o menos cinco interminables minutos, el espantoso sonido
cesó. Sentado en el suelo y temblando de pies a cabeza, me agarré fuertemente
las rodillas, sabedor de que algo malo estaba a punto de suceder. A mi derecha
como si de un faro en alta mar se tratara, emergió un destello, una luz que con
el paso de los segundos ganaba en intensidad. Poco a poco la siguieron otras.
Por un instante mantuve fuertemente cerrados los ojos. Cuando por fin los abrí,
pude ver toda la sala iluminada. No daba crédito a lo que estaba contemplando.
Aquel lugar no tenía fin. Me encontraba en una especie de bóveda de
proporciones colosales. Sí, creo que la palabra exacta es Colosal. Ahí dentro
cabrían países enteros. Por un momento creí haber perdido el juicio, ¿cómo era
posible que existiera algo semejante bajo la superficie? De repente, oscuridad.
Todo quedó sumido en la más absoluta negrura. Los acontecimientos se sucedían
sin previo aviso. Una diferente gama de colores hizo su aparición. Recorrían
las interminables paredes describiendo una especie de danza que sin duda solo
podía entender quien la estuviera provocando. En un momento determinado todo
movimiento cesó y los colores pasaron a concentrarse originando una enorme
esfera. Esta giraba de forma constante sobre sí misma. No entendía nada, ¿Por
qué estaba yo allí? y ¿qué es lo que querían de mí? Un ensordecedor sonido me
sobresaltó. Caí hacia atrás y tendido en el suelo con una mano intentaba palpar
la superficie mientras que con la otra lo único que quería era parar al ser que
estaba emergiendo de la esfera. Dios mío, eso no podía ser real. Cada vez era
más grande y más grotesco. Aquella cosa, sin duda, no podía ser de este mundo.
De grandiosas proporciones. No disponía de brazos, más bien eran un sinfín de
apéndices que en su extremo final disponían de una especie de aleta viscosa.
Todo su cuerpo daba la impresión de ser gelatinoso. Parecía no tener cabeza y
en ningún momento pude distinguir nada que pudieran denominarse ojos. Sentí que
todo estaba perdido. Obviamente nada tenía que hacer con semejante bestia que
sin duda alguna debía pertenecer al inframundo.
Se abalanzó sobre mí como un guepardo lo haría sobre una gacela.
Recuerdo el miedo, las lagrimas que me caían por el rostro y gritar, recuerdo
gritar como un niño desconsolado. De repente, silencio, quietud. Me encontraba
envuelto por aquel gigantesco ser y …
una explosión de imágenes sacudieron mi cabeza. Pasaban galaxias enteras
frente a mis ojos, contemplé planetas de los que no sabía ni su nombre ni
conocía su existencia. Vi ante mí, seres que habitaban otros astros o
asteroides. Vi guerras, muerte y destrucción. Vi como se extinguían estrellas,
que sin saber porque, supe que tenían millones de años. Vi como el universo se
expandía y se contraía a voluntad de mi anfitrión. Planetas enteros pasaban uno
tras otro por delante y a través de mí.
De repente uno conocido, Saturno. Sus anillos me atravesaron como el cuchillo a
la mantequilla para dar paso rápidamente a Júpiter. Al poco hizo acto de
presencia Marte y posteriormente la Tierra. La sucesión de imágenes se detuvo.
Veía la Tierra girar sobre sí misma. Ninguna clase de geografía de las que
hubiera dado en mi juventud podía superar aquello. De nuevo una cascada de
imágenes empezó a proyectarse. La Tierra giraba y giraba y comprendí que aquel
ser me estaba mostrando nuestro planeta desde sus orígenes. Las imágenes
avanzaban como si de un DVD en cámara súper rápida se tratara.
Prehistoria, Edad Antigua y Edad Moderna, todo iba tan rápido que
parecían mezclarse las diferentes etapas. Edad Contemporánea y nuestros días. De
repente fuego, destrucción. Vi como los mares emergían como si de Tsunamis
gigantescos se tratara y devoraban ciudades costeras. Vi enormes montañas que
se abrían como flores en primavera y
envolvían todo aquello que tuvieran en sus proximidades. Vi caer del cielo
enormes bolas de fuego que impactaban sin control sobre ciudades enteras
dejando arrasadas las zonas de impacto. Y la humanidad, vi como perecían
pueblos enteros, ciudades, continentes. Vi el fin de nuestra civilización.
Sin aviso previo, aquella gigantesca y deforme masa me expulsó del
interior de la esfera pronunciando algo que sin duda, algún significado
tendría, pero que yo fui incapaz de descifrar. Lo siguiente que recuerdo es
haber despertado en la habitación del hospital y mi posterior traslado. Por lo visto un grupo
de participante de la Quebrantahuesos me encontró tirado en el camino y sin
conocimiento. Así que aquí estoy, escribiendo lo que sin duda alguna debió ser un
sueño y bien da para un relato.
-¿Cómo se encuentra hoy?, señor. ¿Se encuentra con ánimos? ¿Quiere ver la televisión quizás?
- me preguntó el enfermero.
-Sí gracias, información local si es posible-
Las noticias de las cinco aparecieron en pantalla. El grito que
emití hizo que los enfermeros que estaban por los pasillos entraran raudos en
mi habitación.
“Una enorme grieta se había abierto en una pista forestal, a
escasos kilómetros, sin que técnicos ni expertos sepan decir porque “,
rezaba el titular de la noticia.
FIN.

No hay comentarios:
Publicar un comentario