Una imagen un relato. Fin del camino
Todo tiene un final. Bueno o malo, eso es algo que está por ver.
Yo he llegado al final de mi camino. En este día del todo desapacible, me encuentro cansado. La soledad que siempre me ha acompañado hace mella en mí y actúa, especialmente hoy, como una losa de la que soy incapaz de desprenderme.
En términos generales siempre he creído que la vida es justa. Obviamente, otros opinarán todo lo contrario.
Las encrucijadas, los caminos que elegimos, miradas que cruzamos o sostenemos con otras personas a las que nunca antes habíamos visto, la ayuda que ofrecemos a seres completamente ajenos a nosotros o por el contrario, el desprecio con el que los tratamos. Todo forma parte de un complejo entramado del que el único denominador común es uno mismo.
Yo elegí mi camino, intenté trazar mi propio destino. Ahora en esta última ascensión quizás pueda mostrar mi arrepentimiento.
Mi rostro ya demacrado, curtido en mil batallas deja entrever que los días pasados no han sido todo lo placenteros que uno podía esperar. Mis manos, arrugadas y llenas de cortes. Es curioso, si las miro de cerca, todos esos cortes parecen surcos y estos a su vez caminos. Quizás son los caminos que he escogido o quizás los que debería haber utilizado los que se marcan en ellas de forma imborrable.
Ahora las contemplo mientras progreso peldaño a peldaño y en ellas veo reflejadas sus caras. Las caras de aquellos que para bien o para mal se han ido cruzando en mi camino. En ellas veo reflejado dolor y sufrimiento. Curioso, en este instante me embarga una enorme tristeza. Pienso, pienso y pienso pero me cuesta recordar, encontrar un momento de alegría, de felicidad. Aunque lo intento no logro ni tan siquiera acercarme a un recuerdo de unión familiar. Imagino que alguno ha de haber, no en vano soy un ser humano e imagino que en algún momento tuve infancia. No obstante, debe ser un recuerdo tan lejano que ya no tiene cabida en mi memoria.
Llegados a este punto, ya no importa, no es posible volver a andar el camino recorrido.
Aquí estoy. Regreso al lugar del que algún día debí salir. Con la misma pobreza y miseria que seguramente me empujó a abandonarlo. Pero también tranquilo y en paz, sabedor de que lo que he sido se lo debo en gran parte a usted.
Aquí le dejo estas palabras que he logrado redactar en mis últimos estertores ya que mi única intención es la de terminar mis días aquí. Sentado en este último escalón situado justo delante del nº 4 .
Algún día mucho se hablará de lo que pudo o no haber sucedido tras esa puerta.

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