miércoles, 15 de noviembre de 2023

En tan solo una milla

 Amanece triste el día. Gris, con un ligero viento de costado lo suficientemente molesto

 para impedir avanzar con la cabeza alta.

El sonido taladrante y continuo de un perro de no más de 15 kilos de peso y a poco menos

de cinco metros de distancia hace imposible concentrarse en nada que no sea ese

estruendoso alboroto. Por suerte tanto él como su dueño van en dirección contraria y el

encuentro es breve.

Al momento algo se acerca. Empieza como un débil repiqueteo que poco a poco va

ganando en intensidad y que resulta ser el sonido de los tacos de unas botas de fútbol

pertenecientes a un grupo de no más de cinco personas que han finalizado su encuentro

futbolístico semanal en el campo, por así llamarlo, que acabo de dejar atrás.


El batir de alas unido al sonido inconfundible del gorjeo de unas palomas hace que me

ponga en alerta. Alzo la mirada y observo una bandada de no más de 12 ejemplares de

palomas. Conocedor de la facilidad con la que estas aves son capaces de amargarte el día

con sus deposiciones modifico mi trayectoria evitando la perpendicularidad con la

 mismas.


Otro sonido, esta vez de un motor hace que desvíe la mirada a la derecha. Lo catalogaría

como de rozamiento aunque en el breve espacio de tiempo en el que he podido prestar

atención quizás algo estaba a punto de descolgarse, si es que no lo estaba ya. Sin duda

esa Chrysler Voyager había conocido tiempos mejores.


Ni un segundo de respiro en mi particular milla de sonidos. Ahora le toca el turno a lo

 que creo son unas ruedas de carro o quizás un triciclo pequeño que poco a poco se van

 acercando. Al poco me sobrepasa por la izquierda un hombre de avanzada edad tirando

 de un carro donde únicamente porta una caja vacía de fruta. El hombre se cruza delante

 mio para pasar por el paso de peatones y dirigirse a la zona de huertos que puedo ver a

 la derecha

No hay comentarios:

Publicar un comentario